20 de noviembre de
1975, el reloj de cada español marca las 4.58 de la madrugada. En
ese momento los telégrafos comienzan a recibir un teletipo de la
agencia Europa
Press
que se introducía fugaz como un rayo en todas las redacciones de
prensa con una sola frase, que se repetía tres veces: "Franco
ha muerto. Franco ha muerto. Franco ha muerto".
Esta noticia era confirmada por Radio Nacional de España a las 6:10
de la mañana. La historia de España comenzaba a escribir en una
nueva página.
El dictador Francisco Franco falleció tras 32 días de enfermedad, y moría a cámara lenta de la misma forma que lo hizo su régimen. Toda España era consciente de que Franco se estaba muriendo, más aún a partir del 3 de noviembre cuando el parte médico, que era firmado por los veinticuatro especialistas que conformaban el "equipo habitual", informó que había sido intervenido en un improvisado quirófano en El Pardo.
"Con tan sólo 7 años, este hecho quedó un recuerdo
imborrable en mi mente", me cuenta mi madre. Dice que mi abuelo estaba muy, muy nervioso,
se fue a trabajar como cualquier otro día pero con mucho más miedo
porque no sabía lo que iba a pasar. No tiene grandes
recuerdos de la repercusión inmediata de su muerte, pero si tiene
presente un día en el que la familia estaba muy feliz porque, tras
la muerte de Franco a mi abuelo le había llegado un comunicado de
que le indultaban de la retirada del permiso de conducir y se lo
devolvían después de año y medio sin él.
Fueron
acontecimientos muy intensos, vividos con mucho miedo, con un
nerviosismo increíble y que la gente no quiere recordar mucho.
Abstract: the day of Franco's death was an alleviation day for my family. Repression had finally finished, although fear was still present. Among other things, my grandfather got his driver's license. This fact was the beginning of a new stage in the history of Spain.


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